Los problemas de lenguaje, habla o audición representan una de las necesidades educativas especiales más frecuentes en las aulas y que a menudo son pasadas por alto por los padres y educadores.

Es imprescindible que el personal docente esté sensibilizado para poder detectar aquellos casos de pérdida de atención, compresión, mala pronunciación, etc.

Es competencia del Logopeda desarrollar un trabajo de prevención en lo que se refiere en las áreas de la comunicación oral y escrita, voz y audición. También participar dentro del Equipo de Orientación y Planificación Escolar, insertando aspectos preventivos para minimizar las consultas externas.

Perceptualmente, el habla ya tiene un estatus único para el bebé desde las primeras horas o días de nacimiento. Los neonatos discriminan el habla de otros sonidos o ruidos y, quizás como resultado de la estimulación intrauterina, prefieren la voz de la madre a la de “extraños”. Más adelante, sobre los siguientes siete meses, la maduración del sistema nervioso central y las experiencias de escucha en su ambiente lingüístico, conducen al niño a distinguir cada vez más finos rasgos fonéticos de la lengua. Pero algunos niños presentan limitaciones en sus capacidades para aprender la información auditiva.

Muchos niños con audición normal evidencian lagunas en el desarrollo lingüístico y por lo tanto se retardan en la adquisición de la lectura. Las extremas dificultades para adquirir la comprensión lectora, pueden explicarse como consecuencia de un incremento en la latencia de la maduración del cerebro, lo que conduce a un retraso en adquirir tempranas habilidades sensoperceptuales tales como discriminación auditiva y desarrollo fonológico, y posteriormente habilidades lingüísticas como semántica y sintaxis, que son críticas para la adquisición de la lectura.

Entre los 10 y los 11 años se regulariza el tamaño de las letras y el rendimiento. Y finalmente, entre los 10 y 12 años la escritura alcanza un nivel de madurez y equilibrio que le permite pasar a la “fase poscaligráfica” en la cual le imprime velocidad a su expresión escrita.

Casos más frecuentes en las aulas

1. Niño que rinde en matemáticas, pero no comprende la lectura. A menudo emplea palabras inventadas o que no tienen que ver con el tema que se está tratando. Al intentar resolver preguntas, se demora mucho para responder o no las comprende, por lo cual se desespera y deja todo a medias o copia las tareas de los compañeros.

2. Niño en edad escolar (inicial o primeros grados) que se expresa mediante frases cortas con errores en conjugación de verbos y pronunciación de un niño más pequeño.

3. Niño que copia lo que el educador escribe en el tablero o pizarra, pero que no es capaz de crear frases y oraciones por escrito.

4. Niño que habla muy bien, pero al darle instrucciones no puede seguirlas.

5. Niño que cambia de tema constantemente y responde preguntas con expresiones totalmente alejadas de lo que se le pregunta.

¿Quién le puede ayudar?

El educador o padre de familia deben sospechar que los niños tienen problemas en su habla, lenguaje o audición y pedir la evaluación respectiva al Logopeda. Éste profesional puede encontrar dificultades de los niños en memoria auditiva, secuencialización del discurso, desarrollo fonológico, vocabulario, discriminación auditiva o relevancia discursiva.

 

...